top of page

Todas las relaciones son relaciones de poder

Actualizado: 17 jul 2020

Suscríbete aquí para recibir consejos semanales sobre cómo crear una vida que ames


“El gran mecanismo de control en el mundo es la creación de límites al sentido de creatividad y posibilidad de las personas” Peter Joseph


Cada vez que se intentan entender los límites de nuestras posibilidades, se encuentra en el fondo el poder. Por mucho tiempo, el poder fue algo imponente y majestuoso, una Roma marchando con sus legiones sobre los Judíos o Hitler ordenándole el suicidio a un general. El poder era tan simple como Veni, Vidi, Vici (vine, vi, vencí), una muestra grandiosa y escandalosa de fuerza entre un superior triunfante y un inferior humillado.


No obstante, con la hipertrofia del estado y el incremento de la capacidad destructiva de las guerras, era claro que el poder no podía bastarse con reprimir las rebeliones en los campos de batalla sino que debía librar sus campañas en las mentes y los corazones de las personas. Entonces el poder soberano fue complementado poco a poco por un poder más sutil, vivo y dinámico: el biopoder.

Así, el biopoder funciona bajo la fórmula información+fuerza=control. Por esto, primero vigila al subordinado y estudia su comportamiento, con lo cual accede a información clave para la segunda etapa, el castigo. En este proceso, se vende la idea de que cierto estado de cosas o modo de vida es normal y deseable, con la finalidad de ejercer un control en el cual el castigado termine agradeciendo el castigo.


De esta manera, la víctima se convierte en un agente del víctimario, como el niño que aplica el Manual de Urbanidad de Carreño a sus amigos y a sí mismo. Rápidamente, el biopoder se torna en un entramado de juzgamientos, amenazas, patrones y limitaciones, un verdadero monstruo que se entremezcla en nuestros pensamientos, que habita en nuestro cuerpo, relaciones cotidianas y conversaciones mundanas.

La institución que recogió de manera más clara los mecanismos del nuevo poder fue la cárcel. Esta se convirtió en el imperio del poder disciplinario, una modalidad del biopoder que se vale de la regulación de cada ámbito de la vida a través horarios, conductas permitidas, espacios y ropas especializadas, todas al ritmo del reloj. El panóptico de Bentham, un modelo de cárcel ideal en el cual se optimizaba el espacio para que una sola torre central pudiera observar y así controlar a todos los presos, aseguraba la disciplina perfecta. De esta manera, la cárcel se convertiría no sólo en el sitio en el que se castigaban las desviaciones a la norma sino en el que se estudiaba la delincuencia como una condición patológica, anormal, todo bajo la mirada constante de la torre central.

De esta manera, podemos decir que el poder es inherente a cualquier relación: siempre que existen dos polos debe haber repulsión o atracción entre ellos, pero nunca neutralidad. A su vez, libertad y poder son una pareja danzante que va determinando los límites de nuestras posibilidades, en donde la libertad toma un paso y el poder crea su sombra.


Autores interesantes en este tema: Michel Foucault y Herbert Marcuse


Mira acá todas las categorías del blog para encontrar justo lo que necesitas


Haz click aquí para ver todos nuestros recursos gratuitos

Comentarios


bottom of page