La memoria en Macondo
- Instante Cronopio

- 1 may 2020
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 17 jul 2020
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“Todo el arte de la guerra se basa en el engaño. El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar” Sun Tzu
No existe tragedia más grande para los seres humanos que el control mental. En 1984, la característica del Gran Hermano que lo hizo el más grande peligro para la humanidad fue su capacidad de moldear el pensamiento, de librar sus batallas dentro de la mente de los asociados.
Si se ve, muchas de las discusiones acerca de la verdad giran en torno a si la realidad es objetiva o subjetiva, sin haber cuestionado que esta discusión asume que el sujeto está separado del objeto. No obstante, la Separación es un proceso histórico que como cultura estamos tratando de superar. Sin ella, no existe ninguna sorpresa de que nuestros pensamientos afecten la realidad o ella a nosotros, pues no existen fronteras que separen la realidad.
Ahora, uno de los mayores retos para superar la separación es el condicionamiento. ¿Cómo podemos confiar tranquilamente en que somos parte integral del mundo, si sabemos que nosotros mismos estamos condicionados? La propaganda es un ejemplo típico de la desacralización del mundo, en donde un concepto que solía ser sagrado como la indivisibilidad del sujeto con el objeto es usado en nuestra contra, diciéndonos que “nuestros pensamientos construyen la realidad” para luego moldearlos al antojo del poder. Este bombardeo de información es la principal razón para desconfiar de la información y del pensamiento hoy en día.
Es por esto que hay que tomarse con mucha seriedad las fuentes de donde consumimos información, al menos la consciente.
Las bases de la propaganda pueden verse en frases del jefe de prensa del régimen nazi, Joseph Goebbels, quien decía “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Estados Unidos sería de los primeros en adoptar esta estrategia a un nivel masivo, usando mensajes claros y concisos de manera repetida y por todos los medios posibles.
Por ejemplo, puede que una mujer haya hecho parte de su identidad el ser fumadora, sin saber que Marlboro a principios del siglo XX impulsó la idea de que fumar también era para las mujeres. O también una persona puede sentir que tiene principios defendiendo la idea de la integridad de una familia tradicional, pero lo que no sabe es que la familia nuclear fue una campaña de la sociedad occidental para reemplazar a los sistemas de clanes que existían en los círculos adinerados y la familia extensa que existía en las clases bajas. Todo lo pensable está condicionado históricamente, y por tanto moldeado por relaciones de poder.

¿Qué tan auténtico puede ser quien se define por sus ideas?
Todo el pensamiento está condicionado histórica e internacionalmente. Por esto, el efecto directo de las noticias que muestran hechos desconectados en tiempo y en espacio es la normalización de un hecho, es decir, la aceptación de que algo hace parte de la realidad sin mayor esperanza para cambiarlo. Un fenómeno que no está inmerso en una red de relaciones, que está separado, se torna inalterable.
Aquello que está separado sólo puede ser modificado por medio de una acción violenta y vigorosa, nunca cambiando nosotros primero para afectar con ello al mundo. ¿Cuánto poder habrá detrás del hecho de que la gente casi ya no lea? En la lectura, existe un intervalo de tiempo que hace que el lector pueda reflexionar y criticar el texto, pero en la televisión, las imágenes sólo vienen una tras otra sin dar un espacio para distanciarse y pensar. De esta manera, “el medio se torna en el mensaje”, como decía Marshall McLuhan.
Lo anterior se torna extraño desde las lógicas de la separación. Aunque en otro artículo defendí la idea de que la escritura de alguna manera era más separada que la tradición oral, todo cambia cuando el poder está de por medio. En una sociedad en donde libros distópicos como Un mundo feliz parecen más cerca de lo que es cómodo, la confianza en nuestros propios pensamientos se rompe para dejarnos con dudas sobre nuestro único medio de conocimiento. Este es, básicamente, el conflicto del posmodernismo.
Siguiendo con las noticias, en Colombia se está tratando de reconstruir la memoria de un país que ha sufrido amnesia, pero el periodismo sigue mostrando cada día hechos sin ninguna clase de continuidad o relación. Vivimos en un tiempo macondiano en cual todo lo que ocurre es una nueva versión de lo mismo, en el cual estamos volando en el aire, sin saber de donde venimos ni hacia dónde vamos. Aunque a diario recibimos noticias abrumadoras en términos de violencia, tristeza, alegría y rareza, existe un sentimiento de que aquí en realidad no pasa nada.
Jaime Garzón nos lo advirtió, pero no toleramos su verdad. Hemos quedado suspendidos en un tiempo en donde las noticias siguen en lo mismo, mostrando fútbol, balas y tetas y en medio de ello el país siente que es inherentemente pobre o violento, que está condenado. Lo más importante es que todos menos los colombianos se enteren de que esta tierra y esta gente son uno de los tesoros del planeta. Este proceso se repite en la mayoría de Latinoamérica, y probablemente en todos los países llamados del “tercer mundo”.
El consumo de información tiene tres efectos directos. Para empezar, nos vuelve espectadores de la vida. Ya no importa vivir una aventura propia, pues tenemos películas de superhéroes. Ser participantes se ha vuelto mucho trabajo, pues el sexo, los deportes y la emoción todas pueden ser experimentadas mirando a otras personas viviendo sus vidas, haciendo lo que a nosotros nos gustaría hacer: todo un universo experimentado desde atrás del televisor.
En segundo lugar, la propaganda y luego el marketing tradicional funcionan bajo principios que justo son las dos causas de la violencia: la escasez y la separación. Por un lado se busca mostrar que algo es exclusivo haciendo uso de un lenguaje especial, la estrategia de “nosotros contra ellos” y mostrando el status que brinda un producto. Por otro lado se enfatiza la escasez del producto, diciendo que sólo hay un número limitado de ejemplares o que existe un deadline para su producción. Vivimos en un sistema socioeconómico que premia con el éxito a quien mejor aplique las vías de la violencia.
Finalmente, el consumo pasivo de información genera trauma. La razón es que en tiempo evolutivo hasta hace muy poco vivimos en sociedades industrializadas y globalizadas, por lo que no sabemos cómo reaccionar frente a peligros abstractos o distantes. Nuestro cuerpo activa el sistema de lucha o huída para realidades inmediatas, como el ataque de un tigre o la caída de una casa. Pero cuando se mezcla una visión fragmentada con un problema tan etéreo como la pobreza, nuestro cuerpo no sabe qué hacer. Paradójicamente, quien mira noticias pensando que puede volverse un agente positivo de cambio, termina siendo más violento y sintiéndose más derrotado que al principio.
No es extraño que quienes más informados están lleguen a conclusiones tan superficiales como “los colombianos son brutos” y nunca entiendan las causas subyacentes a los fenómenos. ¿Alguien aún recuerda los libros?

El mismo sistema que creó la propaganda quemaba libros en hogueras. ¿No es esto lo que metafóricamente estamos haciendo como sociedad?
La gente que realmente está participando de la vida ha entendido lo anterior y mantienen una cercanía estratégica con la información. Por ejemplo Chris Gardner, el empresario que inspiró la película En busca de la felicidad, dice dejar de escuchar noticias cuando quiere embarcarse en un gran proyecto. Si algo realmente importante ocurre, uno se va a enterar.
La desinformación también puede beneficiar al poder, por lo que hay que buscar revistas o libros especializados con reportes serios que tengan un enfoque histórico e internacional. También puedes hacer una “dieta de información”, que revitalice tu nivel de seguridad y claridad mental. No es necesario enterarse que robaron a una señora en una esquina aleatoria de la ciudad, sólo de que el país tiene una crisis de seguridad. El amarillismo es una estrategia de control por medio del miedo.
Fue Jiddu Krishnamurti quien lo dijo, “Solamente el individuo que no se encuentra atrapado en la sociedad puede influir en ella de manera fundamental”. Si quieres empezar a vivir una vida más productiva, digna y feliz, ¡cambia el noticiero por un libro!
Autores interesantes en este tema: Marshall McLuhan y Noam Chomsky
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